Padre Agustín returned to his native Colombia in early March 2017.
In the prayerful care of his family, he left this life on March 25, the Feast of the Annunciation.

Padre Agustín Escobar St. Norbert Church

Orange. California October 9, 2016

AN AMAZING, UNREPEATABLE MOMENT

Dear Brothers and Sisters in Christ,

For those who were fortunate enough to make the time to attend Mass with Fr. Agustín, Bishop Vann, Bishop Djomo, several clergy and a massive crowd from multiple parishes on Saturday, September 24, it truly was a rare and inspiring event. In my 30 years of priesthood, I've never experienced anything quite like it. With a difficult and potentially very short prognosis, Father look the time to celebrate one more Mass with the people he has loved, cared for and shepherded. And even though he gave us surprisingly good news in that he has been approved for a new cancer treatment which may potentially extend his prognosis, this particular moment will stand out as uniquely life-affirming and life-giving, in large part because of his generous heart.

In his unmistakably dulcet, stentorian tones, he launched the homily with his now familiar refrain, "I do not have cancer; my body has cancer. I am not dying; my body is dying. I live." He again proclaimed his unshakable faith in the promise and person of Jesus in the same warm, confident, earthy, genuine terms that have become his trademark, stirring waves of laughter, tears, amens and alleluias throughout the assembly. It's impossible to relate all of his wise and sometimes wisecracking quips, but one image in particular struck me when, illustrating his point about our fragile physical nature, he opined that, like a building, his body has "termites." Maybe that's because pastors always dread that diagnosis when it comes the buildings under our responsibility. On that impossibly beautiful morning, we basked in the glow of Father's signature wit and wisdom, warmed ourselves in the light of the Gospel, and feasted on a truly eucharistic Eucharist.

After the Mass at the reception in the gym, the masses swarmed him, clamoring to spend one more precious moment to thank him, to pray with him, to pray for him, and to ask his blessing. The line was formidably long and slow, so some of us tried to encourage visitors to be brief in order to allow everyone to see him and in deference to his diminished energy. However, it became clear that it wasn't the visitors who were going slowly -- it was Fr. Agustín himself, spending as much time as he could with each person, treating each one as the most important person ti the room at that moment. Someone asked me what to do to speed things up, and I said, "Nothing. This is how he wants it." At a certain point, I had to get back to work, and a few hours after that, heading back to the rectory, I noticed a few cars outside the gym. Assuming it was the clean-up crew, I walked over to see how things were going and instead discovered Fr. Agustín still at it, greeting and praying with the last few visitors. Walking him to the car at last, I asked him if he wasn't exhausted, to which he replied, "Not at all. Every hug, every prayer is like free medicine."

Such a blessing and inspiration. We are all better people for having him in our lives.

Fr. Bruce


UN MOMENTO INCREIBLE E IRREPETIBLE

Estimados hermanos y hermanas en el Señor,

Para aquellos que tuvieron la oportunidad y el tiempo para asistir a la Misa con el Padre Agustín, el Obispo Vann, el Obispo Djomo, varios sacerdotes y una multitud de varias parroquias el sábado, 24 de septiembre, éste fue realmente un acontecimiento raro e inspirador. En mis 30 años de sacerdocio, nunca había experimentado nada parecido. Con un pronóstico difícil y potencialmente muy corto, el Padre Agustín se dio el tiempo para celebrar una Misa más con la gente que ha amado, cuidado, y de la que ha sido su pastor. Y a pesar de que nos dio sorprendentemente buenas noticias de que ha sido aprobado para un nuevo tratamiento contra el cáncer que puede potencialmente extender su pronóstico de vida, este momento en particular se destaca como el único que afirma la vida y da vida, en gran parte debido a su generoso corazón.

En su inequívoco dulce y sonoro tono, comenzó la homilía con su ya familiar frase, “no tengo cáncer; mi cuerpo tiene cáncer. No estoy muriendo; mi cuerpo es el que está muriendo. Yo vivo”. Nuevamente proclamó su fe inquebrantable en la promesa y la persona de Jesús con los mismos términos cálidos y genuinos que se han convertido en su sello, provocando risas, lágrimas, amenes y aleluyas en toda la asamblea. Es imposible referirse a todas sus ocurrencias, pero una imagen en particular me llamó la atención cuando, ilustrando el punto acerca de nuestra frágil naturaleza física, dijo que, como un edificio, su cuerpo tiene “termitas”. Tal vez eso es porque los pastores siempre temen el diagnóstico cuando se trata de los edificios bajo nuestra responsabilidad. En esa increíblemente hermosa mañana, nos sumergimos en el resplandor del ingenio y la sabiduría del Padre Agustín, nos avivamos a la luz del Evangelio, y nos alimentamos de una Eucaristía verdaderamente eucarística.

Después de la Misa durante la recepción en el gimnasio, las masas le rodearon, esperando pasar un precioso momento más para darle las gracias, orar con él, orar por él, y para pedir su bendición. La línea era tremendamente larga y lenta, por lo que algunos de nosotros tratamos de animar a los visitantes a ser breves con el fin de permitir que todos pudieran verlo y también como deferencia a su disminuida energía. Sin embargo, se hizo evidente que no eran los visitantes los que iban lentamente – era el mismo Padre Agustín, pasó tanto tiempo como pudo con cada persona, tratando a cada uno como la persona más importante en el salón en ese momento. Alguien me preguntó qué hacer para acelerar las cosas, y le dije: “Nada. Así es como él quiere”. En un momento determinado, tuve que regresar al trabajo, y un par de horas después de regresar a la rectoría, me di cuenta de unos pocos coches fuera del gimnasio. Suponiendo que era el equipo de limpieza, me acerqué para ver cómo iban las cosas y en su lugar descubrí al Padre Agustín todavía en él, saludando y orando con los últimos visitantes. Acompañándolo hacia el coche, por fin le pregunté si no estaba agotado, a lo que respondió: “No, en absoluto. Cada abrazo, cada oración es como medicina gratis”.

Qué bendición e inspiración. Todos somos mejores personas por tenerlo en nuestras vidas.

Padre Bruce


St. Cecilia Church Tustin, California

Fr. Agustín, welcome back!

Dear Brothers and Sisters in Christ,

On July 15, Fr. Agustín was urgently admitted to St. Joseph Hospital and since then he was on medical leave for three months. We now welcome him back! In August, his doctor predicted that he would have only a few months to live. Thus, on Saturday, September 24, we gathered together with Father at his Mass of Thanksgiving and Farewell at St. Norbert Church. There at the celebration we received great news from Father that through many prayers and the new chemo treatments, Father now can live for years. It is indeed a living testimony of faith, a miracle of each day! With Fr. Bruce's permission, I would like to print here his article of that glorious Saturday morning. We thank you so very much, to Fr. Bruce and St. Norbert Church, for graciously hosting the Mass and Reception on behalf of our Community and the Diocese. May God bless you all!

Peace,
Fr. Bao

Padre Agustín, ¡bienvenido nuevamente!

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

El 15 de julio, el Padre Agustín fue urgentemente admitido al Hospital San José y desde entonces ha estado afuera con un permiso medico durante tres meses. ¡Nosotros ahora le damos la bienvenida nuevamente! En agosto, su salud predijo que tendría sólo unos pocos meses para vivir. Así que el sábado, 24 de septiembre, nos reunimos junto con el Padre en su Misa de acción de gracias y despedida en la Iglesia de San Norberto. Allí en la celebración hemos recibido una gran noticia del Padre, que a través de muchas oraciones y los nuevos tratamientos de quimioterapia, el Padre ahora puede vivir por años. De hecho es un testimonio vivo de fe, ¡un milagro de cada día! Con permiso del Padre Bruce, me gustaría imprimir aquí su artículo de esa gloriosa mañana del sábado. Agradecemos mucho al Padre Bruce y a San Norberto por amablemente acoger la Misa y la recepción en nombre de nuestra comunidad y de la Diócesis. ¡Que Dios bendiga a todos!

Paz,
Padre Bao